domingo, 1 de noviembre de 2009

Sobre la Unidad y el MPT

Por Ricardo Balladares.
fuente. www.g80.cl

“Y ya solo la mención de una vía queda;
la de que es. Y en ella hay señales
en abundancia; que ello, como es, es ingénito e imperecedero
entero, único, inmutable y completo”.

Parmenides


El gran error tradicional de la izquierda y que es, en parte, lo que la define como tradicional es, pensar en la unidad como forma única, homogénea y como movimiento rectilíneo uniforme.

Este concepto de unidad tiene su origen en la construcción occidental clásica-moderna-europea, la que primero cedió a la tentación platónica, posteriormente cartesiana, más tarde a la tradición hegeliana de la Idea Absoluta, y finalmente a la metafísica kantiana del ser; así, el pensamiento occidental, desde Parménides, se auto-secuestró y también forzó, mediante formas sabidas de opresión y dominación, con efectivos resultados, al resto del pensamiento mundial científico-intelectual, lo que ha tenido impacto hasta nuestros días.

La matematización del concepto de unidad se define como la estandarización de una determinada magnitud física, la cual, a partir de la imposición de un patrón de reconocimiento sobre unidades básicas o primarias, establece una unidad secundaria o derivada. Esto se extendió y colonizó la definición de la unidad del ser colectivo en cualquiera de sus expresiones: societal (Estado-Nación), política (partido), económica (capitalismo), social (clase), etc. Cada uno de estos conceptos, cimentados en aquella idea mezquina de unidad, fueron concebidos como “hechos” de verificación legítima de la integración civilizatoria (forzada o cooptada) de la modernidad occidental euro-norteamericano céntrica. Todo desarrollo unitario, en su forma y movimiento, se entendía naturalmente como estructura mono-relacional y mono-decisional (monoétnico, monocivilizatorio, monopartidista, monoeconómico, etc.), considerando la multiplicidad como movimiento de sospecha y como forma que hay que aplastar.

El concepto de unidad en cuestión, no descansa solamente en una reflexión filosófica. La unidad así concebida tuvo consecuencias concretas en la historia del siglo XX. Ella, en sí, como partera civilizatoria también fue, con la misma fuerza, barbárica. Sino, ¿cómo explicar que 2.500 años de filosofía occidental y 150 años de modernidad ilustrada, no fueran suficientes para contener la barbarie católica, española, nacionalsocialista, estalinista, norteamericana, polpotiana, procesos de “pacificación” de los estados nacionales latinoamericanos, dictaduras, contrarreformas neoliberales, etc.?

Quizás la respuesta podría estar en aquel doble fondo totalitario y universalista de aquella concepción de unidad, en la cual, se sustenta una parte importante de nuestra tradición filosófica, hoy convertida en sentido común y tan convocado por las organizaciones de izquierda (reformadora o revolucionaria). Cómo explicar que algo tan nombrado, supuestamente tan convenido, determinado como el único camino posible, siga aún como horizonte utópico inmediato de las fuerzas anticapitalistas, antineoliberales y antiimperialista. Todas/os queremos la unidad pero a la vez ésta nos sigue saludando en lontananza. Puede que sea por aquella fuerte tradición mencionada más arriba.

Al entender la unidad como identidad, como lo único, obviamente se producirá un choque de expectativas que privilegiará la mismidad a costas de la alteridad. Lo otro, la otra, el otro, se suspende en provecho de aquello que es a mi medida y a mi escala. Se jibariza lo otro a lo mismo, consumido en la transición de lo múltiple a lo único. Los demás: mujeres, hombres, flora, fauna, mapuches, aymaras, quechuas, pascuences, mestizos, capaz medias, identidades heterogéneas, son vistas como imposibilidad al libre despliegue de lo Mismo, Mi Mismo como único sujeto de la acción.

Entonces, pensar que si Todos, que en realidad es Yo, no estamos preparados para tal o cual tarea o táctica, nadie lo está, es un síntoma de lo descrito anteriormente. Visualizar en el otro mis incapacidades/impotencias, y por ende totalizar la incapacidad/impotencia, resulta oportuno para Mí pero devastador para la iniciativa popular. Si el partido no está, la sociedad y las clases subalternas tampoco lo estarán. El obrerismo históricamente a tendido a esta interpretación de su relación para con el otro. Por eso, afirmaciones que identifican como aliados estratégicos “a todas las clases, pueblos y láminas sociales castigadas por el capitalismo” (Figueroa, 2009) resulta, en parte, atinado y alentador, siempre y cuando esa construcción emancipatoria sea con ellos, al lado de ellos y no delante de ellos. En eso se sustenta la idea de Federación.

La Federación es, si bien no opuesto, distinto a lo Unitario. Federación es la intersección de elementos comunes y no la unión de todos los elementos en un solo conjunto unión. En consecuencia la unidad en la intersección (federación) debería comprenderse como la convergencia de la multiplicidad manteniendo la forma multiplicidad y no como unidad síntesis en lo único, en lo total totalizante totalizado. La forma federación se opone a la forma unión en el sentido que la primera permite expresar la forma de la sociedad contemporánea y por ende facilita la atracción y acoplamiento de identidades múltiples, aumentando su extensión y densidad tanto en las relaciones como en su movimiento. Sin embargo la segunda, se convierte en un sistema cerrado, clausurándose operativa e incluso cognitivamente, dejando poca posibilidad a la regulación dinámica. Me explicó sucintamente, la forma unión es como la maquina a vapor, puede convertir materia en calor pero está imposibilitada de convertir materia directamente en energía mecánica; en cambio, la forma federación como sistema abierto tiene la posibilidad de intercambiar energía con el ambiente, por ende puede convertir su energía potencial en trabajo, un ser vivo. Para desplazar dicho ejemplo al MPT, vasta medir las intervenciones de la organización desde abril a octubre en la realidad social, su cantidad, su calidad, impacto y reproducción. Como se puede observar todas han sido actividades cuyo eje es concéntrico, es decir hacia adentro. Otro dato importante es que de 80 organizaciones iniciales ya vamos en la mitad y el ejecutivo sigue desmembrándose. Regiones no han sido incorporadas, asumiéndose como punto crítico. El ejecutivo “nacional” es en sí un ejecutivo metropolitano. Toda la dinámica es reflejo de aquella colonizada manera de entender la unidad. Dinámica contrapuesta a la aspiración de ser un “Instrumento Político Popular”.

Para convertirse en instrumento político popular y para afirmar cuales son las condiciones de la lucha electoral para los anticapitalistas, dichas descripciones o reflexiones no solo deben ofrecer coherencia lógica sino también coherencia empírica. Es el opuesto complementario sustantivo para acertar en la respuesta a la pregunta sobre cuál es la contradicción principal del periodo (táctica) y así poder distinguirla de la contradicción fundamental (estratégica).

Preguntas como ¿cuál es la condición obrera en Chile?, ¿cuáles son las condiciones de la revolución social? y ¿desde donde y bajo que procesos se reconstituye lo nacional y popular en el Chile de hoy? no se responden correctamente, tan solo, desde marcos lógicos ofrecidos por axiomas que fueron tales durante 100 años, hoy, puede constituir un acto plenamente conservador.

Por ejemplo, la tan anunciada crisis capitalista apocalíptica no ha llegado, por el contrario, cada crisis es más o menos crisis. Efectivamente, es crisis para masas empobrecidas y riesgo de crisis para las capas medias, pero para el capitalismo aún no. Por el contrario, el desarrollo de las fuerzas productivas y las crisis estaciónales han acrecentado el espacio de realización del capitalismo.

Para que la “hecatombe” capitalista ocurra, al interior de ella se deben desplegar fuerzas de autoorganización del trabajo. Es decir, trabajo emancipado, trabajo reapropiado, nuevas formas de valor que se enfrente a la forma valor (mercancía). Formas de valor que expresen la autoconciencia del trabajador por su trabajo, no como mercancía sino como valor de uso. El capitalismo en crisis se debe manifestar como impotencia del capital, como incapacidad de su continuidad, debe ser superado por nuevos patrones del trabajo y la producción. Para que esto ocurra -el surgimiento de nuevos patrones- se requiere de capacidad para generar tales patrones. ¿Dónde radica esa capacidad? Por ahora, acallada en el seno de la sociedad misma, en expresiones autónomas y emergentes de producción, intercambio y consumo, pero aún a una escala insignificante: cooperativas campesinas, modos de producción comunitarios, economías alternativas, redes de comercialización basadas en la justicia, redes de economía familiar, economía productiva-distributiva de comunidades mapuches, comprando juntos, agricultura tradicional, permacultura, etc. A su vez, existe una entidad constituida-constitutiva-constituyente de relaciones y estructuras con la capacidad de convertir una idea, un memorando, una firma, una decisión en materialidad social cierta. El estado.

El estado como campo decisional y relacional otorga dispositivos que permitirían, eventualmente, incentivar y reforzar las formas autónomas emergentes de la sociedad y potenciar su despliegue (García, 2009). Ampliar su base social y su autonomía. Aquí radica la diferencia entre un estado que reforma y atenúa el modo de producción capitalista y un estado revolucionario que potencia el germen de la sociedad poscapitalista. Por eso los pobres y oprimidos no pueden ni deben renunciar a la lucha por el estado. Si bien la perspectiva del estado es socialista; en lo inmediato, la lucha debe concentrarse en descubrir esas nuevas formas de reapropiación del trabajo y batallar por igualdad, redistribución de la riqueza y la ampliación de los derechos y libertades democráticas. Reconstituir lo nacional y lo popular y apoyar los procesos de los pueblos naciones originarias en su propia reconstitución.

La lucha por el estado, no como algo instrumental sino como espacio combinado de relación-decisión, estado-sociedad viva, requiere de un instrumento y una experticia igualmente combinada. Efectivamente las condiciones actuales hacen difícil la lucha electoral a gran escala pero, sí posibilita el ejercicio de capacidades, confianzas, habilidades, dotación de instrumental técnico-profesional, ensayos y visibilización de nuevas formas de gestión y nuevas formas de presentar la actividad política a nuestro pueblo, permite el salvamento de la política de los políticos tradicionales, demostrar la potencialidad plebeya en aquella disputa. por un lado el instrumento electoral y alternadamente el movimiento político social.

La idea de disputar los espacios locales el 2011, por toda la capacidad que se requiere para asumirlo con seriedad, no puede partir el 2010 o no puede dejarse a la suerte de tal o cual pacto o de la capacidad de tal o cual candidato para juntar los recursos y las firmas como independientes. Se debe generar un instrumento legalizado para facilitar la participación de dirigentes sociales acompañados de una amplia base social en todo el país. Las actuales elecciones legislativas pueden ser asumidas -con radicalidad e inteligencia- como el campo sobre el cual desplegar las primeras fuerzas de esa iniciativa.

El presente electoral permite construir esa confianza entre candidatos-dirigentes sociales populares independientes, ofrece la posibilidad de innovar y ensayar sin miedo a equivocarse, acumular experticia, contrastar formatos, desnudar discursos, etc. Si hay quienes creen que hoy pueden desplegar ese ejercicio, el MPT bajo la concepción federada y popular, debiera apoyar dichas candidaturas o por lo menos no castigarlas, insultarlas o desmerecerlas.

No se puede, a falta de Mi política, sacrificar la política de Otros. No podemos intelectualizar la negación para salvar con coherencia lógica la falta de coherencia empírica.

Las cabezas a convencer de que la revolución social es posible, no son nuestras cabezas, esa lucha no se define en nuestros debates, ni en nuestras casillas de correo (por más correos que se manden), ni en el rayado de muros en la ciudad, esa lucha se prueba y realiza (hacerse real), en el seno mismo de nuestra sociedad, en nuestros barrios, nuestras juntas de vecinos, nuestros espacios de luchas temáticas, comités de servicios básicos, asociaciones de pequeños productores, microempresa, etc. Lucha que no se reduce a actos políticos-culturales sino en la intervención cotidiana de dichos espacios y relaciones.

Las cabezas y manos que hay que ganar están hoy con la derecha, con la concertación y en la negación de la participación política. El MPT debe dejar de debatir entre sí y salir a debatir contra la derecha, la concertación y la apatía política.

Sí, debemos convencer, pero no como los españoles y el estado chileno, es decir a palos, no podemos maltratar a nuestro pueblo por estar contenido por el asistencialismo y acosado permanentemente por la doctrina de seguridad pública. Debemos ser la contraparte de esa dinámica. Mientras nosotros nos restamos, dicha experticia es acumulada por opciones de recambio concertacionistas, socialdemócratas y liberales. Acaso, ¿no es eso lo que ha ocurrido en el campo de los recursos naturales y el medio ambiente? donde la lectura predominante es la liberal burguesa y que hoy se resiste férreamente a la emergente posición de clase en defensa de la naturaleza y el hábitat. Lo mismo en la lucha por los derechos de género. Y para que hablar de cuanto se demoró la izquierda reformadora o la revolucionaria o el mismo movimiento de derechos humanos, ligada a ella, en comprender que la lucha del pueblo mapuche era cuestión de la clase y de los derechos humanos. O cuanto tardó el obrerismo en entender que los derechos humanos eran retaguardia de los movimientos sociales en periodos y acciones de radicalidad. En todos estos temas las lecturas seudoizquierdistas dejaron hacer a la burguesía liberal, mientras, supuestamente, se construía el camino para la huelga general, la insurrección y la lucha armada. Conste que no niego ninguna de las tres, pero las considero parte de un proceso acumulado social vivo.

Por otra parte y para subrayar lo de la falta de coherencia empírica o falta de política como espacio de realización concreta. La opción de voto nulo se votó hace dos meses, ¿cómo se ha expresado esa política en la realidad de la Federación?, ¿donde está la campaña del contenido?, ¿cuáles son los indicadores del avance y desarrollo de dicha campaña? ¿Por qué dichos elementos no constan en el informe del ejecutivo, si se supone que es un ejecutivo

Insisto, la potencialidad del MPT es su constitución federativa, ella es la que, por ahora, puede recoger la forma contemporánea de la constitución de lo social y de la nueva materialidad social obrera: la realidad obrera en las microempresas; empresas fragmentadas y desconcentradas; las mujeres y los jóvenes, hasta ahora muy poco estimados por las expresiones sindicales trabadas a la idea de la gran industria; el gran empresariado; las nuevas áreas estratégicas; el trabajo flexible, a contrata, part time, honorarios; el 65% de los trabajadores/as se desempeña en, comercio( 20%), transporte y comunicaciones (9%), servicios financieros (9%), servicios comunales y sociales (27%); la repartición del trabajo entre lo formal e informal; el comercio informal, dato desconocido; la pequeña industria familiar artesanal. Ciertamente los trabajadores/as no han desaparecido, sino que han aumentado pero, efectivamente, ha habido una modificación de su estructura material. Por eso, las centrales de trabajadores no se reposicionan como movimiento social unificador. Esta fragmentación es propia de la época, ya es parte constitutiva de ella, pensar en que será posible volver a expresiones unificadas, generalizadas, o circunscritas en una gran sola entidad, aún dependen de un gran esfuerzo dilatado en el tiempo, porque aquello está en manos de una nueva constitución de la materialidad social del trabajador/ra, del mundo del trabajo y de las fuerzas emergentes y subterráneas de la sociedad.

En tanto, el trabajador/ra expresa sus reivindicaciones, no solo desde la forma sindicato ni del espacio de la fábrica o de su lugar de trabajo, el trabajador/a expresa sus reivindicaciones desde la multiplicidad de identidades: como vecino/a, deudor/a, usuario/a de servicios básicos, consumidor/a, habitante de un territorio, pequeñ/a productor campesino, regante, miembro de una organización social o política, miembro de una federación política, desde la exigencia de un derecho económico-social, miembro de un pueblo-nación originaria, etc. Es decir, su condición puede ser obrera, pero su identidad puede manifestarse en otros campos de lucha y no necesariamente la obrera.

En tal sentido, la Federación ofrece espacio para la multitud, como espacio relacional-decisional, en el cual, podría expresarse y participar una indeterminada cantidad y calidad de asociaciones (estudiantes, mujeres, jóvenes, trabajadores/as sindicalizados/as, personas, deudores, campesinos, pueblos naciones originarias, ecologistas, partidos políticos, organizaciones o activistas de derechos humanos, etc.), pero se debe caracterizar en que la hegemonía se va trasladando o está determinada por las circunstancias, el tema en conflicto, movilizaciones temáticas, la emergencia social, y cada asociación mantiene su autonomía tanto en su repertorio como en su actividad, pero existe coordinación social y política, solidaridad de clase y liderazgos visibles.

Entonces, debemos emanciparnos de nuestro auto secuestro, de nuestro refugio, eliminar el miedo a echar andar la imaginación revolucionaria, descolonizarla de aquella noción de unidad mezquina sustentada en el Mí. También debemos liberarnos de la autocensura social del “¿qué dirá el compañero del lado?, ¿me tildará de reformista o contrarrevolucionario?”.

Debemos partir con otra actitud, solo así habrá otra consecuencia, distinta a la de los 90’. Todos/as podemos mantener nuestro repertorio e identidad, es bueno y correcto que así sea, pero no podemos pretender que el MPT sea el partido de la revolución trotskista, de la rodriguista, de la comunista, de la autonomista, de la sindicalista, de la mirista, de la mapucista, centralista o horizontalista. No puede ser el partido de la competencia. El MPT debe ser ante todo empetista, federado, popular, revolucionario, múltiple, dinámico, debe ser reflejo de la sociedad viva y no conformarse con ser mesa política. Lo único ortodoxo, tal como dijo Lukcas, es el método dialéctico. Solo así forjaremos una organización que camine junto a su sociedad, con su síntesis y no delante o tras ella. Solo allí es donde vale la pena estar.

RICARDO BALLADARES (Miembro del Polo Izquierdo de la Memoria)

Lo anterior no representa, necesariamente, la opinión del Polo Izquierdo de la Memoria

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