domingo, 11 de mayo de 2008

A 25 años de las protestas nacionales.LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA CONTINUA.

    Por Alfredo Cerpa.

    Este 11 de mayo se cumple un cuarto de siglo desde que las organizaciones sindicales, estudiantiles, las organizaciones sociales y populares dieron un primer golpe de irreversible consecuencia a la dictadura en Chile.

    Un proceso re-organizativo que se gestaba desde principios del año 80, profundizado por la recesión del 81, culmina en una protesta de carácter nacional por el retorno a la democracia el 11 de mayo de 1983.

    A partir de ese día el Chile dictatorial ya no será el mismo. Desde aquel momento los deseos democráticos y la búsqueda de espacios para expresar demandas económicas y el respeto a los derechos humanos, recorrerían el país y no terminaría, a pesar de las distintas intensidades que tuvo, hasta la derrota de la dictadura.

    La primera protesta comenzó en realidad, como llamado a Paro Nacional por parte de la CTC y, solo días previos se cambio a un llamado de protesta nacional.

    Este llamado, a pesar de la importancia de la CTC, no hubiese tenido eco en las poblaciones y universidades, de no haber existido un proceso de recomposición por parte de los estudiantes y sindicatos, como de las organizaciones sociales y populares en las comunas.

    Reconocer este proceso de reorganización previo a las protestas, es de importancia para entender que no se trato de un acto espontaneo, sino mas bien, el resultado de un proceso incipiente, decidido y consiente por ganar espacios de expresión, por los sectores mas excluidos democrática y económicamente.

    Es de importancia entender también, que este proceso de reorganización se da en momentos en que los partidos políticos tradicionales de izquierda, actores importantes hasta el 73, eran perseguidos con vehemencia y crueldad por la dictadura y sus fuerzas represivas, pero además, se encontraban inmersos en profundas divisiones y discusiones internas, que los mantenía alejados del proceso que se llevaba adelante, por los pobladores de las diferentes comunas del país.

    Estos dos hechos comprenden una situación inédita en Chile. Implica que la recomposición de las organizaciones sociales y populares surge y se desarrolla en completa ausencia de conducciones políticas. Por primera vez organizaciones sociales y populares pueden organizarse y actuar con absoluta separación e independencia de los partidos políticos tradicionales.

    Este hecho explica a su vez la unidad, masividad y poder alcanzado. Esto permitió que las organizaciones pudieran actuar en función de sus propios intereses acuciantes y necesarios.

     La ausencia de ideologías y doctrinas permitía unir poblaciones enteras, ganar espacios e identidad para exigir democracia y demandas económicas en un ambiente de cooperación, coordinación y solidaridad tan inmensas como ausentes en el Chile actual.

    La reciproca solidaridad y cooperación entre el movimiento social, las organizaciones estudiantiles y sindicales fueron inmaculadas. Ningún sector impuso o exigió conducción u otra demanda, que no fuera avanzar en mayor coordinación para la conquista de más espacios.

    A pesar de las grandes diferencias que podían existir en la forma de ver e interpretar el mundo y el país en los coordinados por las organizaciones sociales y, entre las organizaciones mismas, los unía el sufrir y sentir las mismas necesidades. Cada logro organizativo como de espacio no se evaluaba en relación a ideología doctrinas o teorías, más bien se evaluaba en relación a si tal acción servía o no a sus intereses; si los acercaba al objetivo o los alejaba.

    Fueron 11 las jornadas de protestas masivas llevadas a cabo por las organizaciones sociales y populares, estudiantiles y sindicales, que abarcaron desde el 11 de mayo del 83, hasta el 30 de octubre del 84. Teniendo la última un carácter de Paro General.

    En agosto del 84, la dictadura dio señales de debilidad mediante una apertura política con Onofre Jarpa a la cabeza de tal estrategia. Sin embargo esto no freno las protestas y el 6 de noviembre la dictadura declara estado de sitio y lanza 18,000 soldados a las calles, intentando reganar las poblaciones mediante el sometiendo las organizaciones sociales y populares.

    El estado de sitio y el ejército en la calle, efectivamente disminuyo la masividad de las protestas, que de nacionales pasaron a ser poblacionales a través de coordinadoras de organizaciones sociales.

            

LOGROS
DEFICIENCIAS Y LECCIONES.

    Por la masividad lograda en el transcurso de las protestas nacionales, se logro abrir la puerta de entrada al país, a los exiliados políticos. Abrió un espacio de expresión política que permitió la reestructuración de los partidos y la actividad política. Amplio y creo espacios para que florecieran revistas, diarios y periódicos de análisis, investigación, información, opinión y culturales musicales, que jugaron un papel central en acompañar al movimiento popular.

    Sin este espacio político ganado, hubiese sido imposible la derrota de la dictadura años mas tarde.

    El espacio político creado por el movimiento popular independiente, les facilito a los partidos crear alianzas y conglomerados. Pero, como una paradoja, estos mismos avances en la conquista de espacios políticos por el movimiento popular independiente, que facilito tal reestructuración y la creación de conglomerados, fue lo que comenzó a dividir y debilitar el movimiento, una vez que los conglomerados políticos tomaron el control.

    A pesar de existir acuerdo y similitud en los deseos de reganar la democracia por parte de los partidos políticos de izquierda, las diferencias políticas, ideológicas y de tácticas que los separaban, adquirían mayor peso que la misma lucha por la democracia, limitando de esta manera los impactos y papel que la organización popular independiente venia obteniendo y jugando hasta entonces.

    La guerra fría que aun se daba entre Este y Oeste, le permitía a las organizaciones alineadas a la Unión Soviética mantener apoyos económicos y políticos, además de sentirse los herederos de la primera revolución socialista triunfante, que aun gozaba de prestigio.

    Estos veían en las inmensas organizaciones y movilizaciones de base, una posibilidad para reinsertarse y reganar la influencia pasada, radicalizando consignas e imposibilitando en concreto la unidad con otros partidos de izquierda, que venían en procesos de renovación y/o cuestionamiento a su acerbo ideológico, doctrinario y orgánico. Permitiendo de esta manera, la división y atomización y disminución de influencia del movimiento popular en las tareas por desarrollar.

    Las organizaciones que venían haciendo procesos de renovación política y cuestionaban en especial sus antiguas concepciones de partidos, el centralismo y la democracia interna, por nuevas relaciones más abiertas y democráticas, que debían comportar en su relación con las organizaciones sociales y sindicales, o explicado diferente, una redefinición entre la relación de política y sociedad, se encontraban en estado avanzado de definiciones.

    Sin embargo, se probo más fácil la comprensión abstracta e intelectual de las nuevas definiciones, que la puesta en práctica. Así como las personas no pueden aprender a escribir con otra mano que no sea la habitual, con la misma habilidad en pocas horas, en tiempos de necesidad recurrirá siempre a la mano habilidosa aun sabiendo que no es lo correcto.

    A las nuevas definiciones no se le dio una estructura orgánica donde pudiese florecer, hacerlas propias y desarrollarlas en la practicas. Las nuevas definiciones encasilladas en las viejas estructuras y sus hábitos de funcionamiento, dejo huérfano el nuevo discurso que hasta hoy se ve desconectado de las prácticas, tal si se tratara de dos cosas diferentes. Como si de sus bocas saliera un mensaje de avanzar hacia el futuro, confirmado por los ademanes de rostro y manos, pero con rodillas y pies apuntados hacia atrás.

    Así, las malas e irrespetuosas practicas que tienen los partidos para relacionarse entre ellos, fue llevada hasta las organizaciones de bases dividiéndolas en bandos políticos, diferenciados más que en objetivos; en tácticas, perdiendo así, la unidad y coordinación en la base, por ende su fuerza y poder.

    En este panorama de divisiones cupulares por parte de los partidos de izquierda, los partidos y organizaciones centristas de derecha democrática, que comprendían que la dictadura no se sostendría solo basada en la represión y, que una negociación se hacía necesaria, pasaron a ocupar un lugar central.

    La idea de crear una dirección política de coordinación entre las fuerzas democráticas de oposición, que combinara la movilización controlada y la negociación, necesitaba de algunas organizaciones de izquierda democrática, para que tuviera validez y representatividad, pero los dejaba a ellos en la posición mediadora y de dirigencia. No por peso político o representatividad en las bases, sino por contar con mayor acceso y contacto con personeros del régimen dictatorial, ya sea porque algunos de ellos habían pedido el golpe militar en el 73, o, porque habían tomado distancia recientemente.

    Así, con esta nueva realineación cupular de fuerzas políticas, que basaban su estrategia de reemplazo a la dictadura mediante la negociación, se llego al plebiscito y más tarde a elecciones que nos trajo como regalo, una democracia restringida.

    Dado el estado de división al que se sometió al movimiento popular, la negociación no es cuestionable per se. Pero si es cuestionable, la ausencia de los intereses populares en la negociación. Cuestionable también el que se hubiese hecho en situación de debilidad, cuando esta era inexistente, porque a pesar de la división había un pueblo de pie.

    A pesar que van 25 años desde que comenzamos a movilizarnos por reganar la democracia, el respeto a los derechos humanos, derechos sociales y demandas económicas, la tarea aun se encuentra inconclusa.

    Si bien podemos considerar un avance el término de una situación dictatorial, la democracia restringida que nos toca vivir no fue el objetivo. El objetivo fue antes y lo es hoy, una democracia plena. Una democracia que permita que todos podamos decidir el tipo de sociedad que queremos construir y la constitución que nos rija.

    Hoy, al mirar hacia el 11 de mayo del 83, vemos con pena y desilusión, que los partidos políticos de la izquierda no estuvieron a la altura de la situación. Sus diferencias, pequeñeces y malos hábitos de convivencia, les nublo la mirada y fueron incapaces, ambos bandos en disputa, de proyectarse hacia el futuro y por un pequeño y pírrico triunfo, sacrificaron los anhelos de libertad y democracia.

     Las organizaciones sociales y populares tuvieron una deficiencia fundamental: la incapacidad para mantenerse independientes de partidos y, seguir uniendo en base a intereses que fueron la fuente del crecimiento rápido y masivo a través de coordinaciones. Al cambiar este método de unidad por uno de ideologías y doctrinas como en el últimos tiempo de las protestas, termino dividiéndonos y debilitando el clamor de las demandas ya transformadas en slogan vacios e interesados.

    Deficiencia también al no haber comprendido la necesidad de desarrollar un salto político necesario, como lo era, el transformar la organización de activismo y demandas, en una organización política propia e independiente, que le permitiera actuar en igualdad de condiciones con las otras organizaciones políticas. Como socios de los cambios y no subordinados y apoyo.

    El haber entregado sus organizaciones y aspiraciones a partidos, por lo tanto el control de la causa, delegaron al mismo tiempo, el inmenso poder que gestaron y acumularon en su seno. Así, quedaron los partidos solos y dueños de las causas que nos motivaron a organizarnos, sin nadie que vigilara y velara por la santidad de las aspiraciones y los criticara o restara apoyos si se desviaban.

    Hoy, se hace necesario reorganizarnos y terminar la tarea democratizadora que comenzamos hace un cuarto de siglo. Debemos ser capaces de hacerlo. Las necesidades que nos motivo a organizarnos se mantienen intactas.

    Nuevamente debemos crear nuestro telescopio social que nos permita mirar el futuro que queremos crear.

    Nuevamente debemos comenzar de lo local, uniendo y coordinando desde nuestras propias poblaciones y avanzar hacia toda la comuna. Nuevamente uniendo en base a los intereses de todos, porque para todos debe ser el Chile que queremos desarrollar. Unir estos intereses y transformarlos en un instrumento político, democrático e independiente. Para que con este instrumento, comencemos a luchar democráticamente por el control de la administración de la Comuna, levantando nuestros propios candidatos a Alcalde y Concejales y dar inicio a los cambios en nuestro propio entorno.

    Debemos ser capaces de levantar estas organizaciones políticas comunales, que respondan solo a sus propias organizaciones sociales y populares y sus intereses, que es el lugar donde nacen, con estructuras democráticas flexibles que impliquen formación y promoción de líderes de manera constante, de manera que evite la burocratización e inamovilidad de dirigentes, tal cual vemos en partidos nacionales.

     Levantarlas por toda una región y por todo el país, pero todas independientes unas de otras. Creando coordinación a través de federaciones regionales de organizaciones políticas comunales llegando así a lo nacional. Basados en los intereses similares, la vocación solidaria y de cooperación. Donde cada una de estas organizaciones políticas comunales aporta en completa libertad y democracia la idea país que se debe desarrollar. Para una vez claros, consientes y seguro de lo que queremos, avanzar hacia una asamblea constituyente.

    El camino es largo y penoso, pero necesario y urgente, pero la urgencia no significa tomar el camino más fácil y corto, que inevitablemente lleva a entregar nuestro poder y delegarlo a otros, que nos prometerán ser fieles, pero que luego deberemos echar al canasto de las promesas incumplidas.

    A un cuarto de siglo de nuestra lucha democrática, no podemos más que recordar a las primeras víctimas de la nueva democracia. Victimas que desaparecían una a una en medio de la efervescencia por las expectativas creada con el regreso de los militares a los cuarteles. Análisis, Fortín Mapocho, Apsis, Cauce, Punto Final, La Bicicleta y tantas otras, fueron sucumbiendo, ahogadas en medio del auge de la nueva economía y el complaciente mirar del nuevo gobierno.     Extrañamos también, las voces de los que con canciones nos acompañaron en esta lucha y que después no tuvieron cabida en el Chile moderno de la música importada y banal. Pero por encima de todo, extrañamos las voces, las caras, las sonrisas, el coraje, la dedicación y el sacrificio de los hermanos caídos.

    A un cuarto de siglo, la tarea no está cumplida. Debemos continuar.

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